viernes, 20 de febrero de 2015

Las uvas de la ira

Ayer analizamos la novela más importante de John Steinbeck, Las uvas de la ira. Publicada en 1939, cuenta la historia que nadie se había atrevido a contar: la de los miles de campesinos de Oklahoma que, sitiados por la crisis, los bancos y las grandes compañías, tienen que abandonar su hogar y emigrar hacia la tierra prometida: California.
La familia protagonista, los Joad, representan a todos aquellos que contemplaban perplejos la inhumanidad y falta de escrúpulos de un sistema que no comprenden y al que no son capaces de enfrentarse. Ante el deshaucio de sus granjas y sus tierras, acuden a la llamada de los propietarios californianos, creyendo en la promesa de una vida mejor. Pero nuevamente se topan con la cruda realidad: especulación, bajos salarios, explotación, y acusaciones de subersivos y rojos a todo aquél que protestara por las malas condiciones.
Una lucha por la supervivencia que nos ha parecido triste, dura, con demasiadas similitudes con la época actual, pero al fin y al cabo, la historia de una lucha con su hilito de esperanza.
En la novela hay una constante llamada a la unión de los hombres  a la solidaridad frente al poderoso, a la humanidad frente a la explotación, que le valió a Steinbeck la crítica de gran parte de la sociedad americana de su época, una fuerte controversia promovida por el sector más tradicionalista, que no evitó que la novela fuera un éxito, que ganara el premio Pulitzer y que al año siguiente se rodara una película basada en ella.
Lejos de ser un panfleto o una obra sensiblera, la novela se basa en hechos reales, minuciosamente documentados por el autor, que realizó varios reportajes sobre el tema y trabajó él mismo como jornalero con emigrantes. La compasión por el ser humano y la confianza en una sociedad mejor (a pesar del pesimismo constante y las escasas oportunidades de mejorar que se les presentan a estos personajes) impregnan la novela, y la verosimilitud de lo que narra Steinbeck,  le da al texto el tono profundamente humano y evitan el maniqueísmo o la simplificación.
Una historia dura, pero real, y tristemente reconocible a fecha de hoy...

jueves, 19 de febrero de 2015

Sueños en el umbral y Don de lenguas

Hemos leído dos novelas de dos mujeres, totalmente distintas en su estilo, temática y ambientación:
Sueños en el umbral, de la marroquí Fátima Mernissi y Don de lenguas, de la catalana afincada en Alemania, Rosa Ribas.

Sueños en el umbral es un libro de recuerdos de la infancia de la autora en su harén de fez. Es un libro de memorias, más que una novela, es decir, que en principio tiene más de realidad que de ficción. Pero cuenta tantas anécdotas, recrea tantos cuentos, que en realidad parece navegar entre los dos mundos, con el poder evocativo de Las mil y una noches. Es un puente tendido entre la cultura europea y la magrebí, entre las vivencias una niña y sus recuerdos de mujer adulta, una recreación de un mundo ya extinguido y que sin embargo no cambió tanto como las mujeres de su tiempo querían, o pensaban, o esperaban.






Don de Lenguas también parece caminar por la frontera: entre la novela negra y la histórica. En ella, las dos
mujeres protagonistas, una periodista novata y una eminente filóloga en paro, investigan en la Barcelona de los años 50 el asesinato de una viuda de la alta sociedad. La trama se va complicando mientras ellas dan tumbos entre la policía (un gran secundario, el inspector Castro), los otros periodistas, un primo abogado... nunca sabemos quién está de su parte y quién les entorpece, mientras la investigación apunta a hombres poderosos, en un ambiente hostil y corrupto.