miércoles, 7 de junio de 2017

La pesca del salmón en Yemen

En nuestra última reunión de mayo comentamos la estupenda novela de Paul Torday "La pesca del salmón en Yemen". El escritor inglés la publicó cuando ya tenía 61 años, y fue su primera publicación. Vendió más de medio millón de ejemplares en su país, y esto le animó a seguir publicando un libro al año prácticamente hasta su fallecimiento en 2007.

El libro cuenta con una curiosa mezcla de ironía y sensibilidad un disparatado proyecto, la idea de un Jeque árabe aficionado a la pesca, de introducir el salmón en los ríos de Yemen. Para ello arrastra a una gestoría especializada en negocio inmobiliario y al Centro Nacional del Fomento de la Piscicultura.

El encargado de este departamento es el protagonista de la novela: Alfred Jones. Un científico serio y respetado, un hombre títmido y que vive siguiendo una estricta y acogedora rutina, que se ve obligado por sus superiores a aceptar el encargo a pesar de parecerle un disparate.

 
La idea idea de meter a una agencia estatal en un asunto privado es del jefe del gabinete de comunicación del Primer Ministro, que ve una oportun idad de hacerse una foto favorecedora del encuentro del Ministro con el Jeque en un país de Oriente Medio, del que normalmente solo se habla de conflictos bélicos.

Uno de los temas prinicpales de la novela es el de los intereses que mueven a estos personajes: intereses políticos, personales, de ascender, de promocionarse... les lleva a mover cielo y tierra con tal de salirse con la suya, por mucho que implique arrastrar a otras personas.

También se habla mucho de amor... las relaciones prácticas, el matrimonio como una estrucutra social básica, un acuerdo entre dos personas; y por otro lado el amor romántico, imposible, que solo existe en las novelas y el cine.

Y sobre todo la novela habla de fe: la fe inquibrantable del jeque, el personaje más carismático, que comparte una visión del mundo basada en la posibilidad de crecer, de aprender, de ir más allá, de construir algo grandioso para los demás.

Atraviesa a toda la novela una feroz crítica al sistema capitalista globalizado, y a un sistema político basado en la foto, en la superficlidad del golpe de efecto, en la trivialización de las relaciones con los demás, buscando solo la fama efímera y el aplauso fácil.

El estilo fragmentado y epistolar asustó en las primeras páginas a algunos lectores que finalmente se vieron atrapados y arrastrados por el enmorme atractivo de la novela. Al tener tantos narradores como personajes, hay una gran variedad de estilos, registros y puntos de vista, que la enriquece mucho.

La ironía presente en toda la novela no avita un cierto regusto amargo por la crítica y la visión tan relista de la sociedad, las relaciones y las personas. El final es tan sorprendente como el resto del relato, y esconde una lectura entre líneas: ¿cambiará algo en el interior de Alfred, o somos los seres humanos inamovibles?

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